sábado, mayo 19, 1990

martes, mayo 01, 1990

Dic el Rè:




LA CRUDA
Una estrategia de las sociedades de control

La crudas son un método de autocontrol
instaladas en nosotros para mantener el orden
social.
Es por eso que, si ponemos atención,
no es un caldo de mariscos o unos
chilaquiles lo que cura una cruda.
Las crudas se curan pensando.

Al pensar, la cruda va cesando poco a poco.
Lo que sucede al pensar es que las conexiones
neuronales desestibilizadas durante
la embriaguez reestablecen su orden.
Así perdemos esa
sensación desagradable,
pero al mismo tiempo
construimos de nuevo en nuestra mente la
estructura cuadrada
y fija que rige normalemente nuestra vida.
Estructura que habíamos
creído perder durante la borrachera.

Por evitar esto, recomiendo seguir el consejo de Baudelaire:



"Y si alguna vez os despertáis en la escalinata de un palacio,
en la verde hierba de un
foso,
en la mustia soledad de vuestro cuarto,
habiendo disminuido o desaparecido la embriaguez,
preguntad al viento,
a la ola,
a la estrella,
al pájaro,
al reloj,
a todo lo
que huye, gime, rueda, canta y habla,
preguntadle qué hora es;
y el viento,
la ola, la
estrella,
el reloj os responderán:

"¡Es hora de embriagarse!
Para no ser esclavos martirizados por el Tiempo,
embriagaos,
embriagaos constantemente.
De vino, de poesía o de virtud, a vuestro antojo"


O bien, si por algún motivo es imposible seguir
este consejo, es preciso seguir uno aún
más difícil: evitar el pensamiento después de una borrachera.
Tal vez soportemos una
cruda que durará varios días, pero tarde o temprano cederá.
Días después, al finalizar la
próxima borrachera, nuestra mente
conservará su desorden previo y sumará el nuevo.
Mientras continuemos utilizando
este método y dejando de pensar
, llegaremos al punto más
aterrador para la sociedad de control:
eliminar por completo el consciente que nos
reprime. Liberados de la carga de pensar,
deambularemos con el insconsciente abierto en
todo momento.
Es cierto, el manicomio será una posibilidad.
Pero ya nada limitará el
éxtasis de vivir tal cual somos a cada instante.




El Rè